#CITA · El directo
No ceder ante el miedo, porque Dios sigue presente al lado de cada uno
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios.— Isaías 41:10
El miedo tiene una manera discreta de instalarse. Comienza con una inquietud, luego orienta los pensamientos, las decisiones, el sueño. Este versículo del libro de Isaías le habla directamente a quien vive bajo ese peso. No se limita a decir que no hay que tener miedo; da una razón, y esa razón es una presencia.
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Por NAGO News
3 min de lectura
El sentido de la cita
El versículo contiene dos llamados y dos justificaciones. El primer llamado es a no temer; el segundo es a no mirar con inquietud, es decir, a no dejar que los ojos busquen el peligro por todas partes. Cada llamado va seguido de un «porque» que le da fundamento: Dios está con aquel a quien le habla, y es su Dios. El texto, por lo tanto, no niega la existencia de las amenazas. Desplaza la atención: en lugar de fijarse en lo que inquieta, invita a recordar quién acompaña.
El mensaje principal
El mensaje central es que la presencia de Dios es la respuesta más profunda al miedo. No es una técnica para calmarse, ni un estímulo vago. Es una palabra personal, dirigida a un «tú». Para el creyente, esto significa que nadie está abandonado a sus angustias. El miedo aún puede llamar a la puerta, pero ya no tiene la última palabra, porque una relación fiel lo precede y lo supera.
Por qué este mensaje importa hoy
Muchas familias, tanto en Haití como en la diáspora, conocen esas miradas inquietas de las que habla el versículo. Uno sigue las noticias, espera una llamada, se pregunta qué deparará el mañana. Esta vigilancia permanente agota y termina robando la paz. Este versículo no pide ignorar la realidad ni ser imprudente. Propone, más bien, no dejar que la inquietud gobierne toda la vida. En un clima de incertidumbre, esta palabra ofrece un punto de anclaje: sea cual sea la situación, Dios permanece presente.
Una reflexión práctica
Pensemos en una estudiante que vive lejos de su familia. Cada noche, consulta su teléfono con angustia, imaginando lo peor para sus seres queridos. No puede protegerlos a distancia. Sin embargo, puede transformar ese momento de inquietud en un momento de oración: nombrar a cada persona ante Dios, luego dejar el teléfono y descansar. Cada uno puede adoptar un enfoque similar: identificar los momentos en que las miradas inquietas toman el control y reemplazarlos por un recordatorio sencillo, el de la presencia de Dios. También es útil hablar de los miedos con alguien de confianza en lugar de cargarlos solo.
En conclusión
Este versículo no promete la ausencia de dificultades, sino la seguridad de una presencia. Invita a dejar de buscar el peligro por todas partes para volverse hacia aquel que acompaña. Para quienes viven en la inquietud, ofrece una palabra dulce y firme a la vez: no temas, no estás solo.
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